Un Gazpatxo entre buscar sombra de día y encender hoguera de noche

Como dice el titular de la crónica de la decimocuarta edición del Gazpatxo Rock, nos pasamos la mañana buscando sombra en las horas puntas que el Sol pegó fuerte en la zona de acampada y de noche encendiendo hogueras con la madera varia que la organización nos había dejado en la entrada del camping para poder sobrevivir a las duras madrugadas en Ayora.

Pero este año, ha sido diferente a las anteriores ediciones pues, el tiempo nos sorprendió gratamente, el Sol se hizo el protagonista de la mañana del sábado. Nuestras mochilas preparadas con ropa térmica y sin embargo, nos hizo falta manga corta para sobrevivir al calor matutino, es más, a las 09:30 de la mañana ya estábamos despiertas, saliendo de la tienda de campaña a respirar aire ya que, era un bochorno estar tres personas en una tienda de dos (sí, muy punki-hippie todo).

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La localidad brindó, de nuevo, su hospitalidad a aquellas que llegamos con las ganas de vivir el primer festi del año. Pues las calles de Ayora se llenaron de festivaleras que, después de los exámenes y entregas de trabajos, lo que necesitamos eran unos días de campo, buena música y como no, reunirnos con nuestra peña y/o conocer nueva.

VIERNES 22

Llegar a Ayora sobre las 22:00 después de dos horas en carretera en una vieja furgo que no tenía aislante y allí dentro, sobre las cuatro ruedas, parecíamos guisantes en el congelador. Hicimos una pequeña parada a las afueras porque el cielo estaba despejado donde se veían las diferentes constelaciones y una Luna menguante preciosa.

Al llegar a la acampada del Gazpatxo la primera alegría que tuvimos era que había leña, la segunda que teníamos luz suficiente para montar y hacer la primera hoguera de unas cuantas que hicimos durante las caídas del Sol al festival. En menos de media hora ya estábamos afincadas y era el momento de cenar al lado de las llamas e irnos a los conciertos de Bienvenida.

Nos sorprendimos de la calidad musical que tenían los diferentes grupos que pasaron por el escenario del Solana Rock, otro festival que se realiza en verano en la localidad ayorense. Bailamos ritmos, sobretodo, ska en la nave donde se realizaba y entramos en calor pues, la primera madrugada si que pegó fuerte el frío.

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SÁBADO 23

Sin embargo, la mañana del sábado nos levantamos sofocadas, pues los rayos del Sol daban de lleno en nuestra pequeña tienda y necesitábamos una sombra que nos diese cobijo. Al salir, hicimos una vista panorámica al camping y como era de esperar siendo un festival de invierno, lo que menos había era un sitio donde el Sol no pegase. ¿Cuál fue nuestra reacción? Ir al pueblo en busca de un bar que nos acogiese, almorzamos como toca en la terreta y dimos un paseo por las callejuelas, contemplando Ayora con sus portales y el castillo. Sí, hicimos visita turística. Todo menos abrasarnos en el campamento.

Al volver, nos hicimos compis de las vecinas y nos reunimos todas como buenas hermanas al son de la hoguera. Debatimos, charlamos, hicimos bromas mientras los minutos pasaban y llegaban la hora de los conciertos.

El primero en subir el telón fue el grupo valenciano Inèrcia que nos sorprendió en su puesta en escena y la caña que dieron durante los cincuenta minutos que estuvieron tocando las canciones de su nuevo LP y, recordando las que escribieron hace unos años. Tras ellos, volvimos al camping a reponer fuerzas ya que, en breves no saldríamos en toda la noche de la carpa del GazpatxoRock.

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Proseguimos la ruta de conciertos con El Último Ke Zierre que, pese a todos los años que llevan de festival en festival siguen dándolo todo cuando se suben al escenario. El público nos sorprendió pues, cantaron todas sus letras mientras levantaban sus vasos llenos de calimotxo o cerveza. Continuamos con Mafalda, tras un breve descanso que realizamos, subidón de emociones y adrenalina. Presentaron su nuevo trabajo el cual, está cargado de vitalidad y firmeza. Nos regalaron 70′ donde disfrutamos de cada segundo.

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Tocaba turno de Desakato, el grupo asturiano que no para de hacer kilómetros y carretera. ¿Qué decir? Su seguridad delante de tanta gente y como confían con el público a la hora de arriesgarse a pegar el salto, es brutal. Como siempre, sus conciertos son un momento efervescente . Se lleno de lado a lado el recinto, no cabía ni un alfiler. Como debe ser.

Y para seguir con el bombo, Gatillazo, que a sus infinitos años llevados entre furgonetas, salas y festivales de cualquier zona de la península, da el cañonazo necesario para decirnos: eh, joder, que no importa la edad que, aquí solamente hay una vida y toca joderla sea donde sea. Evaristo sabe lo que canta, y sabe el potencial que da, porque el chaval ya tiene la marca dentro del panorama musical.

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Y tocó el turno de Los de Marras, magia pura para los oídos y el cuerpo en general. Se percibe en el ambiente que este grupo de Valencia, son más que un grupo, son una familia y es que, transmiten en cada golpe de batería, guitarra y bajo y como no, en la voz de Agustín, rasgada pero, con una fuerza comunicativa brutal. De nuevo, no cabía ni una aguja en el recinto del GazpatxoRock. Totalmente, un exito en su decimocuarta edición.

Tras los conciertos, regresamos al camping para apurar las últimas horas de la madrugada al lado de la hoguera. No queríamos que terminase este fin de semana pero, como todo lo bueno, tenía que tener un fin… Sin embargo, afirmamos que el próximo año, volveremos a Ayora.

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Y tú, ¿cómo viviste el Gazpatxo Rock?



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